Mientras Isabella vivía se debatía en medio de un caos emocional en la casa de campo, Antonella trataba de sobrellevar su situación en el bar.
Lo único que la tranquilizaba un poco, era el hecho de que el guardaespaldas de Luciano la buscaba puntualmente en su apartamento para llevarla al bar y luego al salir, la devolvía sana y salva a su piso.
Aquel hombre era impenetrable, no hablaba casi nada; sólo cumplía órdenes de su jefe, sin mirarla siquiera a los ojos. La dejaba en la entrada, la