Mientras Isabella vivía se debatía en medio de un caos emocional en la casa de campo, Antonella trataba de sobrellevar su situación en el bar.
Lo único que la tranquilizaba un poco, era el hecho de que el guardaespaldas de Luciano la buscaba puntualmente en su apartamento para llevarla al bar y luego al salir, la devolvía sana y salva a su piso.
Aquel hombre era impenetrable, no hablaba casi nada; sólo cumplía órdenes de su jefe, sin mirarla siquiera a los ojos. La dejaba en la entrada, la recogía al finalizar su show y la llevaba de vuelta a casa. Cada uno de sus movimientos era preciso y calculado.
Cuando Antonella terminó el tercer día de su jornada, salió del bar, exhausta. Subió al coche siempre con la esperanza de verlo allí. Pero no aparecía.
La primera noche confió en las palabras del guardaespaldas cuando le comentó que Luciano estaba de viaje debido a su apretada agenda durante su campaña política. La segunda noche, empezó a inquietarse, pensaba que tal vez era mentir