Isabella tuvo que quedarse callada frente a la respuesta de Ignacio Montenegro. Ella había sido grosera en varias oportunidades cuando en realidad debía agradecerle por lo que había hecho por su pequeño donándole su sangre.
—Nos vemos luego, campeón —dijo levantando su mano.
Fabián sonrió con ternura. Nunca antes nadie lo había llamado campeón. Aunque aquel individuo le generaba desconfianza, quizás porque su instinto podía ver lo que estaba sucediendo con él y su madre, Ignacio le parecía