—¿Aceptas? —preguntó la rubia con frialdad.
Para Valeria lo único importante, además de su prestigio, era su belleza física; y aquella caída había dañado su rostro.
Antonella se sintió insegura. No sabía si aceptar aquel reto. Había algo que no la convencía del todo.
Aun así, pensó en la boda, en su deseo de no depender de nadie, en el dinero que estaba reuniendo para devolverle a ella misma y a su esposo, lo que habían pagado por la operación de su sobrino al alquilar el vientre de su he