Mientras venían de regreso, Isabella pensó que, tal vez, lo mejor era dejar el pasado donde estaba, enterrado.
Si Antonella no era su hermana de sangre, poco importaba. Habían crecido juntas. La había cuidado, protegido, amado como tal. Eso era lo único que realmente tenía valor. Más allá de nombres, cartas o verdades incompletas, Antonella era su hermana y siempre lo sería.
Al llegar a la ciudad, fueron directamente a la de Joaquín. Él le pidió quedarse a almorzar y ella aceptó. Luego conve