—Gracias pero preferiría encontrar algún empleo, no quiero depender de ti —respondió Isabella—. Ya has hecho demasiado por nosotros.
El sonido del timbre y la risa de los niños saliendo del colegio interrumpieron la conversación entre Isabella y Joaquín.
Ella se agachó de inmediato y abrazó a su hijo con fuerza. Al hacerlo, tuvo que contener las ganas de llorar. Enterró el rostro en su cuello unos segundos más de lo necesario, como si ese gesto pudiera devolverle algo de la calma que había