Bianca salió de la habitación del hospital con el corazón hecho pedazos, arrastrando los pies por el pasillo mientras el eco de los gritos de Alessandro aún le retumbaba en los oídos. La humillación y el dolor eran una carga asfixiante, pero a medida que las puertas de la unidad de cuidados se cerraban a sus espaldas, una chispa de desesperada determinación comenzó a encenderse en medio de su ruina. No podía quedarse de brazos cruzados viendo cómo el amor de su vida la odiaba. Tenía que haber