En la habitación del hospital, el veredicto de Alessandro cayó como una losa de concreto, pero Bianca se negó a aceptar el fin. Con el pecho agitado por una hiperventilación dolorosa y las lágrimas nublándole la vista, dio un paso desesperado hacia la camilla, intentando romper a la fuerza el muro de hielo que el magnate había levantado entre los dos.
—¡Alessandro, por favor, mírame! —comenzó a llorar Bianca, con la voz rota, deshecha y ahogada en un sollozo que le desgarraba la garganta—. Ti