En la mansión Riva, la tormenta de la noche anterior parecía haber dado paso a una mañana extrañamente pacífica. Bianca se encontraba en su habitación, moviéndose de un lado a otro con una sonrisa radiante que no había podido borrar de su rostro desde que despertó. Hablaba alegremente con Lola, compartiendo con su fiel confidente pequeños detalles del romántico momento en el piano y de la promesa deAlessandro de firmar la rescisión del contrato esa misma tarde para empezar una vida real juntos.