Alessandro Riva frenó su vehículo de manera abrupta frente a la fachada decadente del club nocturno, haciendo rechinar los neumáticos contra el asfalto descuidado. Minutos antes, una llamada frenética de Emma lo había sacado de la corporación. Su voz, cargada de una urgencia gélida, no le había dejado espacio a dudas: «Ven de inmediato a esta dirección si realmente quieres saber con qué clase de mujer estás metido».
Al cruzar el umbral del burdel, el magnate sintió una inmediata repulsión por