Bianca se detuvo a mitad del pasillo desierto, apoyando la espalda contra la fría pared de mármol. El eco de sus propios pasos apresurados aún resonaba en sus oídos, y el corazón le golpeaba el pecho con una fuerza violenta. Envolviéndose los brazos alrededor del cuerpo, contempló el brillo de su vestido dorado y, casi de inmediato, el remordimiento comenzó a asfixiarla.
«¿Qué demonios acabo de hacer?», se recriminó en un susurro, cerrando los ojos. Se arrepentía profundamente de haberle habl