Bianca sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, dejándola en un estado de vulnerabilidad absoluta bajo la mirada inquisitiva de Alessandro. La acusación de que todo aquello pudiera ser solo un negocio se clavó en su pecho con la fuerza de un puñal bien afilado. Ver el dolor, pero sobre todo la desconfianza asomándose en esas pupilas oscuras que hasta hacía unos minutos desbordaban adoración, la llenó de un pánico paralizante. Su mente trabajaba a marchas forzadas, atrapada en un torbe