El silencio que siguió a las palabras de Carmen no fue solo ausencia de ruido; fue un peso asfixiante que se depositó sobre los hombros de Alessandro, un manto de plomo que sellaba su destino. El recuerdo de sus padres —sus rostros severos grabados en los retratos de la galería, la forma en que siempre le inculcaron que el apellido Riva era lo único que definía su valor— volvió a él con la fuerza de un látigo. Y luego, el veneno de la duda que su abuela había sembrado con tanta pericia. Record