El despacho de Emma se sentía más grande y frío de lo normal, una jaula de cristal y caoba con la silla de cuero de Alessandro vacía en la planta superior. El magnate estaba fuera de la ciudad atendiendo una crisis en la filial europea, lo que significaba que la empresa estaba bajo una calma tensa, pero lo suficientemente distraída como para que el radar del jefe no estuviera activo. Era una oportunidad única, un vacío de poder que el destino parecía haber diseñado exclusivamente para ellos.