Capítulo 117

Las palabras del médico flotaban en el aire como una sentencia irrevocable. Bianca sintió que el poco color que le quedaba en las mejillas se evaporaba por completo, dejándola de piedra sobre la orilla de la camilla, con las manos apretadas contra las sábanas blancas.

Alan, por su parte, parecía haber sido golpeado por un rayo. El siempre imperturbable y correcto secretario dio un paso atrás, con los ojos fijos en Bianca, procesando la información a una velocidad vertiginosa. El médico, notand
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