Dante sonrió. —¿Quieres que me detenga ahora?, creo que ambos lo estamos disfrutando, pero una palabra tuya bastara para detenerme en este momento. — respondió Dante.
Adara se sonrojó. Sería una gran mentirosa si le dijera que le desagradaba que la tocara de esa manera. Pero tampoco quería que él se imaginara que podía tocarla en el momento en que se le antojara.
—Yo no… —
—Shh…solo quedémonos así durante un momento… — interrumpió Dante a su esposa. Besándola nuevamente, Adara cerró los ojos.
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