Dante sonrió. —¿Quieres que me detenga ahora?, creo que ambos lo estamos disfrutando, pero una palabra tuya bastara para detenerme en este momento. — respondió Dante.
Adara se sonrojó. Sería una gran mentirosa si le dijera que le desagradaba que la tocara de esa manera. Pero tampoco quería que él se imaginara que podía tocarla en el momento en que se le antojara.
—Yo no… —
—Shh…solo quedémonos así durante un momento… — interrumpió Dante a su esposa. Besándola nuevamente, Adara cerró los ojos.
Ella terminó el beso con un suspiro ahogado y él bajó sus labios a su cuello para besar el mismo sin disminuir su pasión, y jaló las caderas de Adara para forzar un roce mayor entre su intimidad, Adara sintió el gemido femenino que escapaba de ella y no lo pudo callar.
—Eres insoportable…lagartija… — dijo Adara sintiendo su corazón latir demasiado rápido, y su piel arder.
—Entonces ¿por qué te estremeces de esta manera, Adara? — le cuestionó Dante al oído.
La voz ronca del apuesto rubio y su alie