—Eres hermosa, Elizabeth —confesó Aleksi con una voz seria y solemne—. Eres la mujer y la loba más hermosa que he visto en mi vida.
Y mientras lo decía, supo que jamás había sido tan honesto como en ese momento. Aleksi encontraba a Beth preciosa en todos los sentidos. Su belleza física era evidente, pero lo que lo cautivaba era su alma: esa mezcla de fortaleza y vulnerabilidad que lo hacía querer protegerla a toda costa. Sin embargo, ¿cómo podía hacer que ella entendiera eso?
El corazón de Beth