—¿Un club nocturno? —inquirió Gianna cuando se detuvieron frente no a cualquier club nocturno, sino a uno de los más exclusivos y costosos de Manhattan.
Para entrar a dicho lugar necesitabas una reservación con semanas o meses de anticipación, además pertenecer a la esfera alta de la sociedad y ser físicamente casi perfecto; menos mal que Darragh entraba en todas las categorías, pensó Gia.
—Sí, así es —respondió Darragh—. Harry ya espera por nosotros.
—¿Por qué aquí?
—Es uno de los negocios del