El camino fue silencioso. Demoraron lo mismo en regresar, pero Gianna sintió que tardaron muy poco porque no quería bajar con la botella de sangre eterna.
—Me odiarán más —pensó ella para Darragh, a través de su vínculo, mientras contemplaba la sangre en la botella y sentía el calor que desprendía a través del cristal.
Darragh suspiró hondo. Sabía que ella tenía razón, pero que también otros lobos podrían intentar atacarla y que era necesaria esa advertencia.
Gianna esperó en vano una respuesta