—Jana —llamó una voz masculina desde el interior del baño de la habitación.
La pelirroja giró el rostro y se encontró con otros ojos azules, idénticos a los de Gianna, a los de ella misma.
—¿Ella estará bien? —musitó Jana, con la voz apenas audible.
El hombre salió del baño, se acercó con pasos lentos y empujó la mano inerte de Gianna con la punta de su zapato negro. Luego alzó la mirada hacia Jana, sus ojos fríos y desprovistos de empatía.
—Define «bien» —respondió con una sonrisa cargada de i