Darragh recorrió con la mirada el cuerpo desnudo de su Luna; nunca dejaba de parecerle hermoso, provocador.
Él entró primero en la tina, luego tomó las manos de Gianna y la ayudó a imitarlo. Entonces tomaron asiento en la tina, con Darragh abrazándola por la espalda y recargado en uno de los lados del la tina.
Su Luna recostó su espalda en el pecho firme de Darragh. La erección de su mate presionó en su trasero y ella no pudo evitar moverse un poco para provocarlo; adoraba esos sonidos roncos