El día finalmente había llegado. Lento, pero seguro, se había instalado en el horizonte con una tensión palpable que se sentía en cada rincón de la mansión Ashbourne. Mientras los preparativos para la boda se llevaban a cabo, el aire parecía cargado, como si el mundo contuviera el aliento.
Gianna temblaba frente al imponente espejo de la habitación que le habían asignado. Cada detalle reflejado ante ella parecía perfecto: el delicado peinado que recogía su melena roja adornada con flores blanca