—¡No puedes mandarlo a Nueva Orleans, Darragh! ¡Es peligroso! —refutó Gianna con firmeza, acercándose a la mesa. Su mirada se detuvo un instante en el celular donde aún se mostraba el video—. Sabes que podrían capturarlo.
Darragh apretó la mandíbula. Sus ojos, encendidos de furia, se cruzaron con la mirada temerosa de su Luna, quien no estaba dispuesta a retroceder.
—No. —William rompió el tenso silencio, retomando los pequeños movimientos que lo hacían parecer más humano. Harry exhaló, aliviad