Darragh entró al estudio de la mansión de piedra con el cabello húmedo y una toalla descansando sobre sus hombros, absorbiendo las gotas de agua que aún resbalaban. Su mirada se detuvo primero en Harry, que permanecía de pie con gesto serio, y luego en William.
El futuro alfa no tenía ni la más remota idea de por qué el vampiro fue hasta Los Hamptons para avisarles de algo que bien pudo hacer por llamada.
O quizá sí.
Tal vez la verdadera razón de su presencia estaba en el dormitorio principal,