Gianna se agazapó detrás de un arbusto, con la mirada fija en la enorme casa frente a ella. Era la misma que se alzaba no muy lejos del hogar donde había vivido con su madre. Su primera reacción fue preguntarse qué hacía allí. Minutos antes estaba en el baño del penthouse, pero ahora… cuando bajó la vista hacia sus manos, notó que eran pequeñas. Manos de una niña.
Con el corazón acelerado, palpó su rostro y descubrió que tampoco correspondía al de la adulta que era. ¡Se había convertido en una