El motor del auto rugía suavemente mientras Amanda miraba por la ventana, su mente llena de pensamientos caóticos. A su lado, Santiago conducía con una mezcla de tensión y resignación en su rostro. Durante todo el trayecto, había intentado convencerla de no hacer lo que estaba a punto de hacer, pero Amanda era conocida por su terquedad.
—No entiendo por qué insistes en seguir con esto, Amanda —dijo finalmente, rompiendo el incómodo silencio—. Esa relación con Estuardo solo te está dañando.
Aman