La sala de rehabilitación estaba en silencio, el único sonido era el leve movimiento de los aparatos y la respiración entrecortada de Ricardo mientras realizaba sus ejercicios.
Carla lo observaba, notando el esfuerzo que ponía en cada movimiento, y no pudo evitar sentir admiración por él. A pesar de la traición y las amenazas de su familia, Ricardo estaba ahí, luchando no solo para recuperarse físicamente, sino también para romper con las ataduras que lo habían mantenido atrapado durante años.