La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas de la habitación de Sofía, iluminando el espacio con una claridad pálida que contrastaba con la inquietud que sentía al despertar. Al palpar el lado de la cama donde Estuardo debería estar, sintió un vacío gélido. Él no había regresado a casa.
El peso de la sospecha la invadió de inmediato, como un veneno silencioso: ¿habría pasado la noche con Amanda? La idea le revolvió el estómago, pero trató de apartarla mientras se levantaba, aun