Sofía y Estuardo entraron apresuradamente en el bullicioso hospital, las duras luces fluorescentes iluminando la preocupación grabada en sus rostros. Catalina y Fernando se acercaron corriendo, abrazando a Sofía con fuerza.
—Mija, ¿estás bien? Tu brazo... —Catalina tocó suavemente la venda, sus cejas fruncidas con inquietud.
—Estoy bien, Mamá. ¿Cómo está Pablo? ¿Han sabido algo? —preguntó Sofía con la respiración entrecortada, su corazón latiendo con fuerza.
Fernando suspiró pesadamente. —Ya lo