Capítulo 72 —El grito
Vera aguantó hasta que la mansión Salerno desapareció del espejo retrovisor.
No habló cuando Bernardo le abrió la puerta de la camioneta. No dijo nada cuando uno de los hombres de Mauro cerró detrás de ella y dio la orden de salida por radio. Tampoco miró hacia atrás cuando el portón de la casa donde había crecido se cerró como si todavía tuviera derecho a dejarla dentro o fuera.
Se quedó sentada en el asiento trasero, con el bolso sobre las piernas y las manos encima, rígi