Capítulo 4 —El banquete de los lobosEl banquete no parecía una celebración.Vera lo entendió apenas entró al salón junto a Mauro Greco. No había alegría verdadera, aunque todos sonrieran. No había calidez, aunque las copas chocaran con delicadeza. Aquella no era una fiesta de bodas, sino una reunión de poder disfrazada con flores, música suave y felicitaciones que sonaban tan falsas como las promesas pronunciadas en la iglesia.Los invitados no miraban a los novios como se mira a una pareja recién casada. Los medían. Observaban la distancia entre ellos, la rigidez de Vera, la calma de Mauro, la forma en que él caminaba a su lado sin tocarla demasiado y aun así conseguía que todos entendieran que ella ya no era la hija de Arturo Salerno, era la esposa Greco.Ese nuevo apellido no estaba escrito en ningún lugar visible, pero pesaba sobre ella más que el anillo.Vera avanzó con la espalda recta, consciente de cada mirada. Algunas mujeres la observaban con lástima; otras, con esa curiosi
Leer más