Capítulo 59 —No es lástima
La cocina quedó en silencio después de la última frase de Mauro.
—Hace veinte años que guardo paciencia. Puedo guardar un poco más.
Vera no supo qué responder.
Había algo insoportable en la calma con que él había dicho aquello. No porque sonara frío, sino porque no lo era. Era una calma trabajada a fuerza de años. Un animal enjaulado que había aprendido a no lanzarse contra los barrotes porque alguien, alguna vez, le había pedido que esperara; Inés, su madre.
Vera miró