Capítulo 54 —La caja olvidada
La casa nueva empezó a parecer habitada, no era todavía un hogar. Faltaba demasiado para eso. Las paredes seguían teniendo esa pulcritud impersonal de los lugares cerrados durante mucho tiempo, y algunos muebles conservaban el olor leve a madera guardada. Pero ya no se sentía abandonada. Había sábanas limpias en las camas, toallas dobladas en el baño, comida en la cocina y una manta azul sobre el sofá que Tomás había tocado con los dedos antes de decidir que no pica