Capítulo 13 —Lealtad de rodillas
Vera entendió que aquello no era una cena apenas cruzó la puerta del salón privado.
Mauro no se lo había explicado con detalles. Solo le había dicho que esa noche debía vestirse bien, mantenerse cerca de él y recordar que, en público, no era una prisionera furiosa ni una hija vendida por su padre. Era la señora Greco. Vera había querido discutirle cada palabra, pero el brillo frío en los ojos de Mauro le advirtió que esa no era una salida social, ni una extensión