Bianca escucho las palabras de Alexander como si no fueran dichas para ella, como si le pertenecieran a otra persona. Incluso, cuando el millonario tenia su formidable mirada verde clavada en ella con suma atención, inamovible, el corazón de Bianca se negó a aceptar aquello como una posible verdad.
No estaba lista ni preparada para aceptarlo. La habían lastimado tantas veces que el amor ya le parecía un cuento fantástico, hermoso, pero un cuento a fin de cuentas.
—Te amo, Bianca—incistio Alexan