La boca de Bianca se seco, ante aquella mirada ebria que parecía mirar mas allá de ella, de su cuerpo y rostro. Como si fuera capaz de contemplar su mismísima alma en aquellos segundos.
La bella prostituta de mirada gris, debió hacer acopio de toda su fuerza de voluntad, recordándose a si misma una y otra vez que aquellas palabras no eran dichas para ella. No eran para Bianca.
—Duerme, Alec… por favor—susurro ella con la mirada brillante de emociones que no estaba dispuesta a sacar al mundo.
—¿