El ceño de Simón se apretó con fuerza, mientras una mueca reemplazaba su habitual sonrisa por una expresión de notable disgusto.
—¿Qué ocurre? —aventuro a preguntar Alexander, sentado junto a él detrás de su escritorio, en la oficina de su empresa.
Rara vez Simón se quedaba allí a trabajar, el sostenía que las oficinas eran una especie de cripta viviente. Alexander se encontraba dispuesto a darle la razón, si es que alguna vez se atrevía a admitir aquello.
Esa era una ocasión particular. El chi