Marcos
El sonido del mar siempre me había parecido relajante, pero esa tarde tenía algo distinto. Tal vez era el reflejo dorado del sol sobre el agua, o el movimiento tranquilo de las olas rompiendo en la orilla, o quizás era simplemente el hecho de estar caminando junto a Sam, sin prisas, sin miedos, sin nada que nos apurara.
Avanzábamos descalzos por la arena húmeda, dejando huellas que el mar borraba casi de inmediato, como si quisiera guardar nuestro momento solo para él. Sam caminaba a mi