Samanta
Había accedido a tener una cita con Marcos.
Acepté sin pensarlo demasiado… o quizá sí, pero de una manera distinta. No desde el miedo ni desde la culpa, sino desde un lugar nuevo, uno que llevaba tiempo intentando escuchar y que, por primera vez, no me gritaba que huyera.
Decir que estaba nerviosa se quedaba corto. El sentimiento iba mucho más allá de eso. Me sentía extraña, expectante, vulnerable… y aun así, tenía altas expectativas. Marcos me había demostrado de mil formas que estaba