Suzy sintió cómo sus labios comenzaban a temblar, deseaba gritar que no, salir corriendo, alejarse de esa locura. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Carlos la tomó de la mano con fuerza, mirándola con un brillo amenazante.
—No hay nada que decir, ¿verdad, cariño? —insistió, su tono firme, pero cargado de un miedo que trataba de disimular. Suzy notó el nerviosismo en su voz y se dio cuenta de que él estaba desesperado, tal vez incluso más que ella. Su corazón se hundió. Bajó la mirada,