—¡No es cierto! —exclamó Suzy con voz quebrada, mientras las lágrimas le quemaban las mejillas. La traición de Franco era como un puñal hincado en su pecho, retorciéndose cada vez que respiraba. ¿Cómo había podido el hombre al que amaba ser tan cruel, tan implacable?
Franco la miró con una frialdad que le heló el alma. Era como si el hombre con el que se había casado se hubiera transformado en un extraño despiadado, un traidor oculto detrás de un rostro que una vez le fue familiar.
—Tengo el vid