De repente, la puerta se abrió bruscamente.
—¡Marella, hija! Ven a ver las joyas de la familia, debes elegir una... —Miranda irrumpió en la habitación.
—¡Dylan! ¿No puedes esperar a la noche de bodas? ¡Bribón! —La risa de Miranda llenó el aire, pero para Marella, todo parecía girar en torno a la angustia que sentía.
Ella, sonrojada, no podía dejar de mirar a Dylan, quien reía sin parar, casi sin poder creer la situación. La tensión en el aire era palpable, y Marella se sintió atrapada entre las