La fiesta avanzaba en un ambiente cargado de emociones. Todos felicitaron a los recién casados, y entre risas y abrazos, Dylan envolvió a su madre en un cálido abrazo, mientras Miranda abrazaba a Marella con la misma calidez.
—Marella, escúchame —dijo Miranda, con un brillo especial en la mirada—. Tengo un buen presentimiento sobre ti… Siento que eres la mujer perfecta para mi hijo.
Marella no pudo evitar ruborizarse, su corazón latía más rápido. La espontaneidad y el cariño en las palabras de M