Yolanda y Eduardo permanecieron inmóviles, la presencia de Glinda irradiaba una mezcla de furia y vulnerabilidad.
Pero Eduardo fue el primero en reaccionar, recuperando su habitual temple frío.
—No te metas en esto, Glinda.
Ella se adelantó, temblando de rabia.
—¿Que no me meta? ¿Así que tienes un hijo bastardo con otra mujer, pero yo debo quedarme callada? ¿Ese es tu gran plan, Eduardo? ¡Humillarme frente a todos! —Su voz resonó como una bofetada.
Antes de que Eduardo pudiera responder, Yoland