Salvador estaba al borde del colapso, su rostro reflejaba la desesperación de un hombre que veía cómo el futuro de su hija pendía de un hilo.
Su corazón latía desbocado, y la ansiedad lo ahogaba.
Franco, al ver el estado de Salvador, se acercó con un intento de calma, aunque sus propios temores por Alma también lo consumían.
Junto a ellos, Suzy estaba visiblemente afectada, las lágrimas asomaban a sus ojos mientras sus manos temblaban al sostener las de Salvador. Alma no podía estar más lejos de