Cuando Mora abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Darrel, sentado a su lado.
Había preocupación en su expresión, pero también un brillo de alivio en sus ojos.
—¿Darrel? —murmuró, con la voz rasposa.
Él se inclinó hacia ella, tomando su mano con cuidado.
—Estoy aquí, amor. Todo está bien.
Mora se removió, inquieta, mientras un pánico repentino la invadía.
—¿Y las niñas? ¿Dónde están mis bebés? —preguntó con urgencia, intentando sentarse.
Darrel la sostuvo con suavidad, ayudándola a