Dylan observó a Cecilia, quien parecía a punto de quebrarse. Su desesperación llenaba la sala con un peso insoportable.
—Cecilia, no puedes rendirte. —La voz de Dylan era firme, pero suave, como una promesa que no pensaba romper—. Haremos todo lo posible para que Bernardo encuentre un motivo para vivir. Te lo prometo.
Emma, de pie a un lado, se alejó de ellos, pero se mantuvo cerca de Cecilia, estaba angustiada por Bernardo, quizás lo conocía muy poco, ella era voluntaria en el hospital con niño