Los días transcurrían con una lentitud abrumadora, y la cirugía de Bernardo se acercaba como un presagio inevitable.
La tensión en el ambiente era palpable, pero nada comparado con el peso que llevaba en el pecho. El miedo lo asfixiaba, y aunque se había acostumbrado al dolor físico después de tantas operaciones, este era diferente.
Este era el temor al fracaso, a un resultado que lo dejara atrapado para siempre en esa prisión que era su cuerpo.
En el silencio de la habitación, su mente lo traic