Cuando Marella llegó a casa, su corazón latía con fuerza, y la ansiedad la invadía como una sombra. Las luces tenues de la sala iluminaban su rostro preocupado, y cuando Suzy la observó, su mirada se llenó de curiosidad y preocupación.
—¿Qué sucede? ¿Cómo salió todo con tu madrastra? —preguntó Suzy, su voz, un susurro suave, como si no quisiera romper la tensión en el aire.
Marella dudó un momento, buscando las palabras adecuadas.
—Igual que siempre, esa mujer no cambia —respondió, recordando lo