Capítulo: Padre del corazón.
Al salir del salón de velatorio, Máximo lanzó una mirada cargada de rabia hacia Yolanda, su rostro endurecido por el dolor y la furia.
—¡Vete ahora mismo de aquí! —bramó, su voz resonando como un trueno en el pasillo.
Yolanda, con el rostro empapado en lágrimas, intentó acercarse a Eduardo en busca de consuelo, pero él dio un paso atrás, alejándose de ella como si su proximidad quemara.
—¡Ya escuchaste a mi padre! —dijo Eduardo, su tono frío y cortante—. ¡Lárgate, madre!
Los sollozos de Yolanda