La presencia de Eduardo y Máximo eran como una sombra que se extendía por el salón, cargando el ambiente de tensión.
Los murmullos de los asistentes aumentaron al notar su llegada, pero Dylan permaneció inmóvil, decidido a no crear un espectáculo en una noche que debía ser de respeto.
Máximo, sin embargo, parecía realmente afectado.
Caminó hacia el féretro con pasos lentos y pesados, como si cada uno le costara un mundo.
Al llegar, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver el rostro inerte de su p